Sex Museum. Viernes 3 de marzo. Sala Planta Baja

 

Nos habían cambiado la fecha en un par de ocasiones, pero no nos habían quitado las ganas de ir ni de celebrar esos 30 añazos de carrera rockera. Y, al final, la espera siempre merece la pena.

Para la ocasión, la sala se veía repleta de seguidores del grupo de todas las edades, pero en especial de aquellos que les empezaron a escuchar cuando nos presentaban sus primeros temas allá por el 87 y que demostraron durante toda la noche que tenían tanta energía (o más) como los jóvenes a los que también les ha conquistado su discografía y que tampoco se quisieron perder dicha cita.

Miguel Pardo, a la voz, demostraba, cada vez con más pasión y con más botones de la camisa desabrochados, que todos sus temas pueden ser sensuales. Su hermano, Fernando, hacía las veces de maestro de ceremonia, creando una atmósfera idónea mientras nos contaba sus batallitas o retaba a sus compañeros a tocar mejor aún si podían.

Y es que a Loza, Roberto Lozano, a la batería, se lo ponía cada vez más complicado, sabiendo que no se le podía resistir ni un solo golpe. Pero él supo estar a la altura y más, incluso en alguna que otra versión en la que el anterior comentaba que no sería capaz de superar al original. Lo hizo y así demostró, una vez más, por qué muchos le consideramos como uno de los mejores baterías vivos.

En perfecta sincronización con el anterior, teníamos a Javi Vacas manteniendo en todo momento su postura a la vez serena y vigilante mientras hacía del bajo esa arma letal sin la cual no se puede ganar esta batalla.

Marta Ruiz, a la que nos presentaba Fernando como su “gimnasio personal” por toda la caña que da con sus teclados, se hacía también indispensable siendo la creadora de las diferentes melodías que siempre han hecho que Sex Museum destaque como uno de los mejores grupos del país.

Entre los temas que sonaron de toda su discografía, como I enjoy the forbidden, Let’s go out, Two sisters o I’m falling down, también se acordaron de The Sonics, de Deep Purple y Beastie Boys con su versión Smoke on the party (Fight for your rights) y, ya casi para el final, de Parálisis Permanente.

Haciéndonos creer en repetidas veces que el momento se acababa, se encargaron de sacar hasta la última gota de energía que nos quedaba y que habíamos ya derrochado durante todo el concierto pues, con ellos, era imposible tener un momento de tranquilidad, demostrando, de esta manera, cómo habían aguantado 30 años haciendo esto. ¡Nosotros apostamos por otros tantos años más!

Galería fotográfica, aquí.

Por Ana López

Fotos de Antonio J. Villalba

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