Jueves 27 de abril. Teatro Isabel la Católica

La Feria del Libro de Granada crece y crece cada año. Tanto, que se puede encuadrar dentro de las más potentes a nivel nacional. Sin duda una de sus apuestas más acertadas es la del programa Cultura x Libros. En esta ocasión, con la compra de un libro por valor superior a 12 € podíamos conseguir una entrada para un concierto con dos artistas perfectamente escogidos: Enric Montefusco y Nacho Vegas. Dos autores en los que se pueden apreciar claras influencias literarias y un cuidadoso celo en sus textos.

 

Aquella noche, la cara del catalán era nueva para muchos, por lo que no dudó en comenzar con una breve presentación y recordar su pasado, uno que muchos echaremos para siempre en falta y que se llama Standstill. A pesar de que la gira de su primer largo en solitario ya le trajo por Granada hace unos meses, en esta ocasión Enric se subió al escenario solo, acompañado en exclusiva por «el peso de sus letras», excusa por otro lado perfecta para justificar su inclusión en esta edición de la Feria del Libro.

En el frente a frente con el micro Enric desgranó los temas de Meridiana, el disco que lleva por nombre «la avenida más larga de Europa», dónde allá por los ochenta se mezclaban culturas y pensamientos en los barrios obreros. Por momentos, la prodigiosa voz del catalán rompía y casi se rasgaba recordando a sus épocas hardcore. Aunque no fue esta la única vuelta al pasado, ya que, además de ¿Por qué me llamas a estas horas? y Adelante, Bonaparte,  Montefusco recuperó, para sorpresa de sus seguidores, la canción del no cumpleaños, Feliz en tu día.

El concierto discurrió entre la labia del cantante y el lirismo de sus letras, dando lugar tanto  a situaciones cómicas con la explicación de Flauta man y el recuerdo de aquel gol en las Gaunas como a momentos casi religiosos con Uno de nosotros, bautizada por él mismo como «la canción cementerio».

El cierre vino, como todos los finales buenos, con una oda a los bares: Obra maestra. Enric se bajaba del escenario sorprendido y agradecido porque, como él mismo dijo, sorprende ver el teatro tan lleno y que tanta gente haya comprado un libro.

Poco después llegaba el turno de Nacho Vegas. Es innegable la carga poética de las letras del asturiano, unos textos en los que conviven el realismo sucio norteamericano y la tradición de la canción popular. Precisamente por estar enmarcada la actuación dentro de la Feria del Libro, decidió abrir el concierto con la lectura de la letra de Los siete contra Tebas de la recientemente fallecida Gata Cattana. Un texto que, leído en la voz de Nacho, sirvió a modo de resumen introductorio acerca de lo que estaba por venir.

Minutos después y ya acompañado por Hans Laguna a la guitarra, el artista iniciaba su concierto con un repertorio breve pero intenso, con el que revisitó toda su discografía rescatando clásicos pretéritos sin dejar de lado sus temas más combativos. Con su ukelele matafascistas al cuello, Run Run y Ciudad Vampira fueron los primeros disparos de la noche. Aunque cierto sector del público aún no ha entendido o no ha querido entender el viraje de Vegas hacia la canción popular cuasi protesta, lo cierto es que estas te sumergen en un estado onírico de lucha en el que, al final, el débil gana frente al poderoso. Quizá lo mejor sea que, una vez de vuelta a la realidad, el mismo autor nos regala Marquesita o Reloj sin Manecillas. En un mundo en el que, según la premisa máxima de Jota, el amor es imposible dentro de las estructuras capitalistas, estas canciones funcionan a modo de bálsamo protector contra tal agravio.

De su último trabajo hasta la fecha, Canciones Populistas, rescató Vinu, Cantares y Amor y esa maravillosa versión de Phil Ochs que es Ámenme, soy un liberal. Tampoco se dejó en el tintero Cómo hacer crac, una de las primeras canciones con las que Vegas empezó abiertamente a organizar guerrillas contra la realidad establecida. Y, cómo no podía ser de otra forma, para antes del bis sacó a relucir su traje de poeta maldito y atormentado. Un traje que, por otra parte, le sigue sentando de maravilla en temas como Que te vaya bien, Miss Carrusel o la siempre muy dolorosa La gran broma final.

La insistencia del público no le dio escapatoria y tuvo que volver a subir al escenario, esta vez solo. Haciendo casi un ejercicio de divulgación histórica nos presentó a Aida Lafuente, guerrillera asturiana  que trascendió al folclore de su región. Para terminar, y como si se tratara de un círculo en búsqueda de la simbiosis entre la poesía y la canción popular, interpretó una versión de Volver a los 17 de Violeta Parra, una de las grandes exponentes de la renovación de la canción popular.

 

Por Juan C. Salar y Mar B. Zapata

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