El pasado viernes 4 de abril, los sevillanos Pony Bravo (a quienes entrevistamos recientemente) volvían, después de un año a Plantabaja en el circuito de conciertos que la sala está ofreciendo con motivo de su 25 aniversario. Con un lleno absoluto, y algunos problemas técnicos durante la primera mitad del concierto, el grupo repasó los temas de su último álbum De palmas y cacería, pero también aprovechó para recuperar canciones de sus dos largos anteriores y sorprendió al público con varias versiones.

Con algo de retraso, a las 22:45 el espectáculo comenzó con el psicodélico tema que cierra De palmas y cacería, El mundo se enfrenta a grandes peligros y continuó rescatando Noche de setas de su anterior Lp, Un gramo de fe. Con sólo dos canciones y a pesar de tener algunos problemas de sonido, el ambiente estaba ya más que caldeado, y con un breve “Gracias y buenas noches” dieron paso a China da miedo. Entre el sonido de sirenas de policía, Pablo Peña presentó una de las canciones de mayor éxito de este álbum, Turista ven a Sevilla explicando que, aunque hable de su ciudad, podría hablar de cualquiera; de Granada, por ejemplo. Desde luego que esta canción se podría adaptar a Granada, sobre todo en aquello de ven a besar el cielo, ven a pillar el ciego en varios eventos culturales de la ciudad, como la cruces.

La fiesta continuó con otro de los temas más conocidos y más celebrados por el público, El Rayo. Entonces, Pablo aprovechó para agradecer a la Sala Planta Baja y también al público, por compartir la noche con ellos. También nos recordó que todos sus discos se pueden descargar de forma gratuita, gracias a Creative Commons, desde la web del grupo, pero que también podríamos comprarlos al finalizar el concierto. La velada avanzó con Cheney, Guajira de Hawai, Mangosta y la versión del clásico de Manolo Caracol, Niña de fuego rebautizada en Un gramo de fe como Ninja de fuego. Para este tema, Javier Rivera y Darío del Moral intercambiaron sus roles de batería y bajo.

Mirad a ver si tenéis algo de dinero para jugar a las maquinas”. Así daban paso a la divertida y polémica Eurovegas para luego continuar versionando Roadrunner de The Modern Lovers. Al final, bromearon, diciendo que iban a hacer una versión de Melendi, pero que al final no pudo ser, a lo que un espontáneo del público respondió pidiendo una de Camela.

No hubo versión de Camela, pero sí algo bastante mejor, el tema presentación de De palmas y cacería, El político neoliberal, que, como no podía ser de otra manera, fue coreada y bailada de principio a fin.  A continuación vivimos el momento más “místico” de la noche, que los propios miembros del grupo presentaron explicando que iban a hablar del nuevo Papa, del que han oído decir que le gusta Pearl Jam y Barricada. De esta manera, con Salmos 52:8 y La Rave de Dios, verdadera música celestial para los oídos de los granadinos, y con otra versión, en esta ocasión Whip It de Devo, dejaron el escenario.

Era ya medianoche y los sevillanos volvieron para comenzar su despedida con Zambra de Guantánamo, todo un espectáculo de luces y distorsión que autodefinieron como “post lolailo”. Para concluir la noche fue la voz de Pablo, y no la de Alonso, la encargada de despedirse de Granada con Mi DNI, tema que gustó y mucho. A las 00:15 de la noche, aunque el público aún tenía ganas de más, el concierto llegaba a su fin. A pesar de haber tenido algún que otro problemilla técnico de sonido, y de que se echara en falta la interpretación de más temas de sus anteriores trabajos, como el que da nombre al grupo, El Pony Bravo, fue un gran concierto donde no faltaron baile, crítica social y diversión.

Texto por Esther S. Gómez

Fotos por Mar Brescia

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