Viernes 12 de mayo. Sala Plantabaja

Pájaro es, nunca mejor dicho, un rara avis dentro del panorama musical español. Sus visitas primaverales son ya un clásico. Y, como siempre, volvió a ofrecer un concierto memorable.

El Plantabaja, con una entrada bastante respetable, deseaba encontrarse de nuevo con Andrés Herrera Ruíz. Porque tanto Santa Leone como He matado al ángel son como vislumbrar un oasis en el desierto, dentro de un panorama músical lleno de propuestas insulsas, anodinas e inofensivas. Con Apocalipsis, corte instrumental que abre su último trabajo, nos subimos en interrail con paradas en lo más florido de las corrientes musicales. Roma, Sevilla, Texas. Spaghetti western, blues, Semana Santa. Todo cabe en un concierto de Pájaro.

No tardó mucho en recordar a su buen amigo Silvio con El pudridero. Osciló continuamente entre el descaro de Luces rojas y la elegancia swing de Viene con mei, la melancolía de Perchè y el halo místico de la maravillosa versión de La danza del fuego. La banda que lo acompaña es atronadora. Guitarras muy afiladas, una base rítmica infatigable y una trompeta que hace brillar aquellas canciones en las que interviene. Además, en esta ocasión se subieron al escenario también Los Saxos del Averno, quienes habían abierto la noche como teloneros y aportaron calidez al repertorio.

Pájaro, cómodo a lo largo de toda la noche y tan dicharachero como acostumbra, intentaba no meterse en política entre canción y canción. En la recta final del concierto lo terminó haciendo por completo con una versión electrizante de A galopar. Como broche de oro a una noche llena de intensidad, Palo Santo y Santa Leone.

Es grato comprobar como, aunque solo sea de cuando en cuando, la calidad y el buen hacer se imponen sobre la mediocridad. El éxito que está cosechando Andrés Herrera junto a su banda es uno de los más merecidos del panorama español. Por esta vez, gana la música.

Qué se te pasa por la cabeza?