Nacho Vegas en Sala El Tren

17/10/2014

El pasado viernes se trataba de una fecha más que clave en la agenda de los granadinos, pues, entre otras ofertas musicales, Nacho Vegas volvía a la ciudad tras más de dos años sin subirse a los escenarios de la misma. Lo hacía para presentar su último álbum, Resituación, publicado en el mes de abril a través del sello Marxophone.

Siendo conscientes así de la importancia de esta cita, nos dirigimos a la Sala El Tren, que a las 21h15 abría las puertas a la larga cola de espectadores que esperaba ilusionada en la calle. Una hora más tarde, Nacho Vegas y su genial trama asturiana, compuesta por Abraham Boba, Manu Molina, Luis Rodríguez, Edu Baos y Joseba Irazoki salían al escenario de la sala que poco a poco se había ido llenando por completo.

Libertariana Song fue la encargada de abrir un set protagonizado en la mayor parte por su nuevo álbum, aunque también hubo tiempo para algunos temas más añejos, como la siguiente en sonar tras resolver los problemas de vatios de Edu, Nuevos Planes, Idénticas Estrategias, que llenó la sala de emoción.

Tras presentarnos a la bonita Rapaza de San Antolín, nos introdujo a un coro muy especial que había formado ese día (cosas que sólo pasan en Granada), el nuevo coro matafascistas Bora-Bora, que contaba con los “jefes” de Discos Bora-Bora, Don Gonzalo y Mariajo, más amigos. Así, estos empezaron su magnífica colaboración con Perplejidad, a la que le seguía el tema que bautiza el último disco, Runrún. Estas dieron paso a las que se empiezan a considerar como nuevos himnos del asturiano, pues Polvorado o Ciudad Vampira consiguieron que toda la sala acompañara con emoción a las letras. Antes de esta última, que revolucionó al público, el coro hizo su última colaboración, acabando con un merecidísimo gran aplauso.

Pero si hablamos de nuevos himnos, no podemos olvidarnos de la fantástica Adolfo Suicide, que ganaba puntos en directo interpretándola con un gran entusiasmo y pasión que transmitían a cada uno de los asistentes. Con la sonrisa en la cara (sí, sonrisa y no sólo lágrimas) pasábamos a otro de los indispensables de su carrera, Gang Bang, en la que Abraham robó el protagonismo por un momento con su estupendísimo trabajo a ese acordeón que tanto marca la línea del tema.

El single de presentación de Resituación, Actores Poco Memorables, sonaba de forma efervescente en toda la sala mientras nos llevaba a imaginar la vida de estos personajes. Y con Cómo Hacer Crac nos dejaba claro que nos había traído los mejores temas (aunque faltara alguno de El Manifiesto Desastre, pero se lo perdonamos por lo perfecto que es).

La nueva incorporación de Joseba Irazoki nos terminó de convencer cuando tuvo su momentazo a la guitarra en La Vida Manca, dejándonos a más de uno boquiabiertos. Y mientras que El Hombre Que Casi Conoció A Michi Panero sacaba toda la energía de Nacho, que terminaba manifestando sus versos al megáfono, La Gran Broma Final nos traía su cara más calmada, con una figura de lo más quieta y que contrastaba con el resto del grupo, entregándose al cien por cien.

Tras el pertinente descanso de un concierto que estaba resultando mágico, Nacho salía de nuevo, esta vez sólo con su guitarra, para cantarnos con gran encanto a la Luz de Agosto en Gijón, a la que se le fueron incorporando con un gran aplauso el resto de músicos en la última parte de

la canción. Por si la noche no estaba siendo lo suficientemente espectacular, nos trajo una sorpresa de esas que, como pasó con el coro, sólo ocurren en Granada. Nacho invitó al escenario a dos amigos más que especiales, mitad de Grupo de Expertos Solynieve, Jota y Manu Ferrón y, con una sonrisa de oreja a oreja que no desapareció mientras estos estaban a su lado, interpretaron una grandiosa Déjame Vivir Con Alegría de Vainica Doble. Y nos hicieron muy feliz. Pero mucho, pues no todos los días se tiene la oportunidad de ver a tantos buenos (y muy queridos) músicos reunidos en un sólo escenario (¡gracias Granada por hacernos regalos como este!).

Llegaba el dichoso final y, si no quedaba más remedio que despedirse, había que hacerlo a lo grande. Y por eso El Mercado de Sonora nos trajo los mejores juegos de luces de la noche que, dando un aspecto más siniestro al tema, acompañaban a un sonido que llegaba con el máximo fervor y que hacía temblar a todos. No existía mejor manera de cerrar el espectáculo que con una actuación tan sensacional como esta última, pues se trataba de uno de esos momentos en los que no sabes dónde mirar de lo extraordinariamente bien que lo están haciendo todos. Brutal, conmovedor, bárbaro, colosal y todo lo bueno que se os pueda ocurrir. Así sí.

Texto por Ana López

Fotos por Mª Ángeles Parra

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