El pasado sábado Xoel López volvía después de un año para presentarnos su último trabajo Paramales acompañado de una banda de lujo.

Si el gallego más querido en Granada vuelve a la ciudad con su último disco bajo el brazo, no hay excusas para perdérselo. A pesar de que este día había varios eventos musicales bastante apetecibles, y a pesar de la lluvia y el mal tiempo, fuimos bastantes los que prácticamente llenamos la sala El Tren para disfrutar del directo de Xoel y cOmprobar si su último disco es realmente un “paramales”.

Eran las diez de la noche, y la Tren se empezó a llenar poco a poco de un público bastante variopinto: desde jóvenes rockeros (y “jóvenas” que piropearon bastante al cantautor) hasta personas que bien le podían sacar unos años a Xoel, e incluso algún que otro niño.

Unos minutos más tarde, los músicos ocuparon sus puestos al  ritmo de Here comes the sun y el espectáculo comenzó con Patagonia donde el público, aún tímido, quiso hacer algún coro “por lo bajini”. Pero esta timidez nos duró bastante poco, porque una vez roto el hielo, lo dimos todo con Hombre de ninguna parte donde bailamos, aplaudimos y coreamos ese “dubidubidubidubi pampampam” como si nos fuera la vida en ello.

Que el directo de Xoel es uno de los mejores del panorama no es ninguna sorpresa, pero si hay que decirlo, se dice. Y si encima el gallego nos confiesa que es la segunda vez que toca todos los temas de Paramales, tras el concierto del día anterior en Málaga, y que Granada es uno de esos lugar a los que tiene especial cariño, nos terminamos de venir arriba. La velada continuó desgranando este último álbum, intercalado con alguna canción de Altántico: desde Laberinto, Por el viejo barrio a Almas del norte; desde canciones aclamadas  y casi flamencas como Caballero hasta temas nuevos y más arriesgados como Caracoles con la que la sala se envolvió de un misticismo mágico; o de otras que evocan lo que ha pasado y lo que vendrá como Yo vi un hombre desaparecer o Un año más. Y es que la versatilidad de Xoel (y de los musicazos enormes que lo acompañan, claro) hacen posible pasar de un estilo a otro, de una emoción a otra completamente diferente con naturalidad y elegancia. Así llegó el momento de cambiar incluso de idioma, y Granada fue un poco gallega por una noche, cantando los coros de A serea e o mariñeiro. De Galicia viajamos a Buenos Aires, aunque con el ambiente que se respiraba entre los músicos y los asistentes, nos habríamos dejado llevar hasta el fin del mundo si hiciese falta. Degustamos el mejor Antídoto (la música, tal y como nos explicó el mismo Xoel) y os quedamos fascinados con la magistral interpretación de El asaltante de estaciones.

Entre el Xoel atlántico de Tierra y Xoel paramaleño (o parameliense, o paramalero, la verdad es que no existe ninguna de las tres palabras)  de Ningún hombre, ningún lugar, y Yo solo quería que me levaras a bailar; también hubo cabida para los nostálgicos de la época de Deluxe, con dos de los temas más representativos como son Historia universal (el amor no es lo que piensas) y Reconstrucción.

Ya había pasado más de una hora y media de concierto cuando la banda salió antes de comenzar la recta final del espectáculo. Primero, con el derroche de ternura y de intimidad que nos transmitieron Lola Garrido y Xoel López compartiendo micrófono y miradas de complicidad; después con la energía y la fuerza de Todo lo que merezcas, en la que nos desahogamos y sacamos “todo lo malo” para poder terminar con De piedras y arena mojada, bailando, cantando y con la sensación de haber dejado de lado nuestros males. Confirmado, Paramales funciona.

Eso sí, la única pega de la noche, o mejor dicho, duda, es: ¿por qué en el concierto de un gallego, patrocinado por Estrella Galicia, la cerveza que sirven es Budweiser?

Qué se te pasa por la cabeza?