Hablamos con Luis Arronte antes de la presentación de su disco y de Cabaña en el Teatro Alhambra

Cuando concertamos la entrevista, me comentaste que tenías que recoger a tu hijo del cole, ¿cómo se lleva la paternidad con ser músico?
Fácil… difícil… La primera paternidad es muy complicada. En los primeros años de vida de mi hijo apenas toqué, apenas saqué la guitarra de la funda. Aparte, fueron unos años duros para todos y, con un niño tan pequeño, la música, si no es tu profesión, tu trabajo, es difícil de llevar. Por eso, la tuve apartada mucho tiempo. Es una razón por la que ha habido tanto tiempo entre un disco y otro, que coincidió justo antes de que tuviéramos a Nicolás.

Y ahora que hay tantas escuelas, profesores particulares, campamentos musicales…¿se le está inculcando algo?
Sí, tiene música en casa y aparte de la que pueda escuchar de la que su madre o yo pongamos o que yo toque, tiene instrumentos de juguete prácticamente desde que nació. Además, está en Gabba Hey, la escuela de rock, yendo a clases de batería. Es lo más divertido, las cosas como son [risas]. Lo que pasa que todavía es pequeño para saber si realmente acabará siendo músico, bailarín, pintor o abogado, pero sí que nos gustaría que tuviera por lo menos cierta sensibilidad hacia la música, al menos que la sepa disfrutar como oyente. Si elige no tocar, también me parecerá bien; lo que me gustaría es que tuviera cierto sentido crítico hacia la música.

Con el manifiesto de Cabaña, que reza al final que “Cabaña nace por y para la música, por y para las canciones, por y para los artistas que luchan, con grandes canciones, contra la tiranía de la industria musical actual”, se pretende dejar claro el objetivo del sello. ¿Cuánta falta hacía ya un sello que mirase por la música y no por el dinero?
Se supone que los sellos independientes miran por la música; de hecho, ahora hay un revisionismo de lo que fue el movimiento independiente de los noventa ?que cada uno parece que lo vivió desde un planeta distinto?, así aquellos sellos, esos primeros Subterfuge, primeros Astro, Acuarela, Green Ufos…se supone que miraban por la música. Luego, unos lo han hecho mejor y otros lo han hecho peor, pero es su espíritu.
Lo que pasa en nuestro caso en particular es que somos como una cooperativa agraria, en la que el socio, fundador y dueño es también trabajador. Somos propietarios de un sello discográfico, pero al mismo tiempo somos los músicos que hacen esas canciones. De alguna forma con eso ya ganas cierta libertad y cierta autonomía. Estás trabajando para ti mismo, entonces apuestas por ti y no piensas en problemas como cómo publicar un segundo disco si el primero fue mal. No hay ninguna intención de lucrarse con esto. Pero tampoco sin ser una inversión a fondo perdido, claro.

La autoedición es el auténtico plan B de la música

¿Piensas que el resto de discográficas han olvidado por qué están ahí?
En muchos casos, sí. Además, las grandes que han empezado a absorberse unas a otras y que se han convertido en grupos de entretenimiento más que otra cosa, pueden haber perdido un poco el norte, esa época dorada en la que había cazadores de talentos se perdió. Ahora la rentabilidad es obligatoria para cualquier proyecto. Pero, aunque nuestro proyecto es Cabaña, hay otros colectivos que están haciendo algo parecido, como en Galicia, por ejemplo. Y los grupos que se autoeditan al fin y al cabo están haciendo esto pero de forma individual, al igual que los grupos que se apoyan entre ellos para editar el disco. El melón se abrió cuando empezaron a darse cuenta los grupos de que eso de editar un disco no era tan complicado. La autoedición es el auténtico plan B de la música.

¿Es entonces ahora cuando el débil debe ponerse en pie y revelarse?
Sí, es como una especie de democratización de la música, ya no hace falta ser un ejecutivo que tiene la planta entera de un edificio para poder editar música, ni tienes por qué montar un sello que tenga mucha rentabilidad ni tenga listas en nómina, simplemente tienes que hacer los cuatro papeles de turno y editar. Lo que pasa es que los que nos autoeditamos no tiramos a desbancar a nadie, no es una guerra por vender más que otro sello; ningún grupo que se autoedite aspira a vender más que otro grupo que se autoedite. Simplemente coges un camino, piensas que has hecho algo que le puede gustar a determinado número de personas y te ayudas a ti mismo para sacarlo. O por lo menos se intenta.

Han pasado siete años desde que publicaste Sólo Ida, aparte de lo que nos han contado de tu hijo, ¿por qué esperar tanto tiempo para dar el siguiente paso?
El primer disco salió con El Ejército Rojo. Se promocionó y se tocó, pero en ese momento tenía mucho trabajo y tampoco podía hacer una gira propiamente dicha, así que se quedó un poco en stand by. Más tarde, además, entré ya en un proceso más complicado entre el hecho de ser padre y las duras situaciones laborales y económicas del país… supongo que no soy el único que aparcara la música en ese momento.
Cuando Nico empezó a ser un poco más mayor, salieron unos teloneos interesantes a artistas que yo admiraba mucho, como El Hijo, y con el hecho de ir y tocar las canciones que ya para mí eran viejas, pensé que estaría bien llevar alguna nueva. Esas pequeñas metas al final te obligan a avanzar. Fui haciendo cosas nuevas y luego conocí a Raúl y empezamos a colaborar y a hacer cosillas.

ahora es todo más tranquilo, más viejo

¿En qué se diferencian ese Luis Arronte de hace siete años y el de ahora?
En un millón de cosas. Aquel Luis Arronte era pop rock, eléctrico, aunque yo iba con la guitarra acústica y había canciones más propias de canción de autor, pero era un disco más eléctrico. Ahora que soy más viejo y que tengo otras cosas en mente, compongo, escribo, grabo y toco en directo de otra forma. Está todo un poquito más elaborado. De hecho, yo ya prefiero teatros o sitios tranquilos, aunque luego podamos subir mucho la intensidad del concierto, pero que sea algo en lo que se pueda apreciar un poco más el detalle. Porque, al fin y al cabo, hago canciones muy de puertas para adentro, más directas, más cercanas, con un sonido en ocasiones muy suave. Es algo como muy cercano. Eso creo que se ha acentuado en este disco, ahora es todo más tranquilo, más viejo.

Ya nos has introducido un poco la manera en la que llega Raúl a tu proyecto, ¿surge antes esto o lo de Cabaña?
Raúl. A él lo conocí porque yo había escuchado ya sus primeros discos o maquetas, iba a sus conciertos, él conocía también el primer disco que saqué y un día hablamos de incluirnos en el disco del otro, de telonearnos, etc. A lo tonto, fuimos grabando canciones mías en su casa en plan demo y luego, ya hablando con Dani, surgió la idea del sello.

Además, han participado en el disco músicos como Alfonso Alcalá, Marcos Muniz, Víctor Sánchez, José Antonio Sánchez o Fran Ocete, ¿cómo se llega a contar con tal gama?
En Granada al fin y al cabo somos todos como una pequeña familia, nos conocemos todos mucho. Hay distintos grupúsculos, por así decir, porque si te fijas las colaboraciones entre unos y otros se multiplican en determinados nodos: Raúl colabora en los grupos de Víctor, Víctor toca en los de Raúl, Marcos o Alfonso…hay una red. Nosotros, desde el punto de vista del sello, también pensamos en hacer algo muy común, en el que cuando alguien necesitara un bajista, lo tuviera al lado. Además, yo hago mis canciones yo solo, así que necesitaba músicos, y he tenido la suerte de que los que tenía más a mano son unos pedazo de músicos increíbles.

Los músicos de aquí son muy generosos

Es verdad que en Granada es raro que se dé un músico que sólo participe en un grupo, como, por ejemplo, pasa con Fran Ocete (Brío Afín, Dolorosa…), ¿piensas que eso se da en otras ciudades? ¿a qué crees que se deben esas ganas de colaborar con todos los proyectos posibles?
No conozco mucho otras ciudades, pero imagino que pasa algo parecido, por lo menos en determinados campos estilísticos. En Málaga, que la conozco bien, también te podría hacer un árbol genealógico de dónde toca cada uno, pero es verdad que Granada en particular es una ciudad muy generosa. Los músicos de aquí son muy generosos, si no tienen tiempo y no les supone un problema, van, tocan, graban o lo que te haga falta. Y si tú también respondes a esa dinámica, la verdad es que es un microclima muy agradable. En Granada somos una familia y, además de ser músicos, consumimos música.

Raúl Bernal, Daniel ‘Gominsky’, Chesco Ruiz, Fran Ocete y tú, ¿qué aporta cada uno de los miembros de Cabaña?
Para empezar, sus manos. Aquí hay mucho trabajo, así que nos lo repartimos. Luego, los cerebros. Hay que tener ideas y hay que ponerlas en práctica. Nos repartimos todas las tareas, vamos repartiendo todo como podemos, porque cada uno luego tiene su trabajo. Por eso lo llevamos con calma, el nombre de Cabaña le va bien [risas].

El concierto del sábado se va a centrar en tu disco, pero se van a presentar también el resto de artistas de Cabaña…
Sí, es que en el horno ya hay dos discos más de Cabaña, aunque aún no sabemos fecha. Pero ésta es una oportunidad de presentar no sólo el disco, sino el proyecto. El resto de socios van a llevar sus canciones nuevas y las van a presentar en un sitio como es el Teatro Alhambra, es un poco un anticipo de lo que saldrá. Es el presente de Cabaña, pero también está el futuro ahí.

Para terminar, ¿te atreverías a decirnos un tema favorito de cada uno para ti?, ¿ese que tú piensas que no debería faltar?
Estoy pensando en las nuevas…aunque luego cada uno va a tocar lo que le dé la gana [risas]. De Jean Paul te diría el Bolero de Siempre Estaré Sucio, de Manqué; de Estévez, Fuera de Lugar; y de Brío Afín, aunque también me gustaría decir una de las nuevas, elegiría La Alegría, de Canciones de Sol Amigo, que además la suelen tocar. Y si no, se lo pido expresamente, que no quiero quedar tan mal [risas].

Seguro que no tienen problema, son un primor. ¿Y tuya? ¿Cuál te costaría dejar atrás?
Bueno, tampoco tengo muchas [risas], quizás El Perro de Pavlov, que para mí es una canción muy importante. Aunque igual me inclinaría por La Cuesta de Enero que, siendo la primera canción del primer disco, es una canción que me representa muy, muy bien. Ahí se encierra todo lo que contendría mi discurso, así que intento que no falle nunca.

Muchas gracias a Luis y a todo el equipo de Cabaña les deseamos muy buen camino.

Por Ana López

Fotos de Luís Arronte por Lucía Rivas.
Foto de la Cabaña por Cris Ferreiro.

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