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Sábado, 7 de octubre. Sala Aliatar.

Napoleón Solo es ese típico grupo que, cada vez que sale en alguna conversación, hace que se me llene el pecho de orgullo y me den ganas de ponerme en pie y reclamar que me empadronen de una vez por todas en el ayuntamiento de la ciudad de la Alhambra. Es por esto que me cuesta sudor y lágrimas ser imparcial cuando hablo de ellos y de sus conciertos, que desde que hace años escuchara por azar Lolaila Carmona son siempre fecha señalada en mi calendario. No importa que no presenten disco nuevo, que ya conozcamos a Máximo Ruiz Ferrer o que cambien de sala: los de siempre nunca fallamos a la cita.

Esta vez, el lugar elegido para la celebración fue un tanto inusual a la vez que insatisfactorio. Y es que la discoteca Aliatar, camuflada bajo el nombre de sala para la ocasión, deslució un poco el sonido de la banda, que es Napoleón Solo_Aliatar 07102017 Laura Martin (8)precisamente en directo cuando más se luce. Por no hablar del público, demasiado variopinto y poco respetuoso, que era incapaz de guardar silencio entre canción y canción.

Si bien es cierto que, por muchas cosas que puedan tener en contra, los chicos de Napoleón Solo saben cómo apañárselas para que todo el mundo disfrute casi tanto como ellos mismos sobre el escenario. El inicio triunfal con Sospecho sospecho sació las ganas del público, inquieto tras casi una hora de espera, y que desde ese momento no dejó de corear las letras y de bailar al ritmo de cada canción.

El concierto fue un viaje a través de los mejores momentos de la trayectoria musical de la banda. Al principio se centraron más en devolvernos a aquella Chica Disco de fondo verde limón al son de temas como No puedo disfrutar, Perdiendo el tiempo, Si el mundo no se acaba o la romántica Sueña conmigo. Cada canción me recordaba que estábamos ante un grupo que suena a grupo, donde cada melodía encaja con una precisión absoluta que te hace no querer volver a escuchar sus discos en casa porque te falta el potentísimo directo y la sonrisa de oreja a oreja de Alonso.

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Otro de los grandes momentos de la noche llegó con el combo Ramira y Yuliana, Juliana, ideales para celebrar una buena verbena y que sirvieron de contraste con Emilia y Pepe, una suerte de cambios de ritmo y voz dulce de la mano de por José Bonaparte que cambia el Höfner por una guitarra acústica para la ocasión.

La velada, más larga de lo habitual, nos hizo recordar también el último disco con Las cinco como siempre, Del amor perdido y bailar al ritmo disco de Pequeña canción del espacio.

Para el momento de despedirse toca lo que toca, porque sin Lolaila Carmona haciendo de broche final no hay concierto de Napoleón Solo que valga.

Cuando volvieron a encender las luces de la sala y a poner la música de ambiente, los de siempre nos fuimos a tomarnos unas cañas con una gran sonrisa en la cara. ¿Por qué no decirlo? Me declaro culpable: me encanta Napoleón Solo.

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Texto por Mar Brescia

Fotos de Laura Martin

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