leon-benavente

El éxito de León Benavente es incontestable. Con solo dos LPs publicados, han conseguido encandilar tanto a público como crítica, han actuado en los principales festivales de España y han llegado a aterrizar en América. El 26 de noviembre actuarán en la sala Plantabaja. La expectación es tal que el cartel de no hay entradas ya hace días que se colgó. Hablamos con Abraham Boba, cantante y teclista, antes de su paso por la ciudad.

Después de publicar 2 (Warner/Marxophone), durante todo el verano habéis recorrido gran parte de los festivales del país presentando vuestro último trabajo. ¿Cómo lo ha acogido el público?

Cuando editas el disco lo primero que estás pensando es en la reacción del público, la crítica de los medios y todo eso. Estás pendiente de cómo se recibe, y con eso estamos muy contentos. Les gustó y también les sorprendió porque había mucha gente que pensaba que, después de haber hecho un primer disco que había funcionado tan bien, era muy difícil. Y una vez pasados ya unos meses tocando, se me queda un poco lejano todo lo que tiene que ver con el disco y queremos más conciertos. Nos pasa un poco como con el primer disco, son canciones que en directo crecen, y eso es lo que buscamos siempre con nuestros discos. Vamos, que estamos muy contentos.

Ya ha terminado el verano y ahora acaba de empezar la temporada de los conciertos en sala. ¿Podemos esperar cambios en vuestros directos?

Claro, solo por horarios y duración del repertorio ya cambia. En los festivales tienes cincuenta minutos, una hora como máximo y en las salas te puedes explayar más. Aunque nosotros tampoco somos de hacer conciertos muy largos, podemos recuperar y tocar canciones del primer disco y de los EPs que habíamos dejado fuera en festivales por tiempo. Y es una sensación muy distinta interpretar el mismo repertorio en una sala que en un festival.

El primer disco era un disco de rock con guitarras y este segundo disco suena a rock con sintetizadores, que no electrónico. ¿El cambio ha sido premeditado u os lo habéis encontrado en el camino?

No hay nada premeditado, nosotros trabajamos con los instrumentos que tenemos en cada momento y nos gusta simplificar bastante las canciones, somos bastantes minimalistas. En este disco también hay muchas guitarras haciendo sonidos de sintetizador con algunos pedales, con cosas que teníamos y que pudiéramos usar en directo. Al final es un disco de rock. También es cierto que en el primer disco había un órgano farfisa que era lo que marcaba el carácter de las canciones y ahora hay un sintetizador, pero no mucho más. Al margen, eso sí, de Nuevas tierras, que fue una aportación de Banin (Los Planetas) y ahí sí que hay muchos sintetizadores.

Al escuchar el álbum, es difícil elegir un single porque a la vez todos son potenciales hits y ninguno lo es en el sentido estrictamente comercial. Elegisteis en primer lugar Tipo D y comentásteis que era una elección arriesgada. ¿No es remar a contracorriente componer un disco como este, para ser escuchado de principio a fin, en tiempos de Spotify y YouTube?

Bueno, no sé si es ir a contracorriente pero desde luego que a mí es lo que más me gusta. Escuchar un disco del principio al final, verle todo el sentido desde la primera hasta la última canción, tanto por el repertorio como por el orden… Me parecen cosas fundamentales y nosotros trabajamos los discos con esa intención, que sean discos redondos. Y en cuanto a lo que dices de los singles, me gusta bastante esa descripción que has hecho, y es verdad, aunque muchas veces nosotros mismos, sin saberlo muy bien, nos movemos por esos parámetros.

En Habitación 615 mencionais a Mark Kozelek. La lírica de la canción -una letra bastante larga donde abunda la narración y la descripción- e incluso los fraseados de la voz recuerdan a temas de Sun Kil Moon o Red House Painters. En concreto, a canciones como Ben’s My Friend. ¿Se trata de un guiño que va más allá de la mención o pura coincidencia?

Sí que es verdad que van bastantes cosas. Yo escucho mucho los discos de Sun Kil Moon, me gustan mucho, pero claro, Kozelek tiene una concepción de las canciones muy distinta a lo que hacemos en León Benavente. Me apetecía trasladar esa idea de un fraseo parecido al hip-hop, o algo así, y meterlo dentro de otro contexto, que contase una historia real, con nuestros nombres y todo eso. Era una elección arriesgada pero era algo que nunca habíamos hecho, y si no hubiese salido pues habríamos olvidado la canción y la idea. Nos gusta probar cosas que no sean de nuestro estilo, ver a dónde vamos, y en este caso la canción parece que gusta mucho.

Habéis tenido la suerte de tocar en América, y muchas bandas españolas gozan de buen prestigio allí. ¿Por qué sucede esto y rara vez sucede a la inversa?

Llevas razón. Nosotros siempre que vamos allí, a México que es donde más hemos estado, preguntamos a la gente o a quien nos entrevista “¿oye, tú de aquí qué escuchas?”, y nos han recomendado cosas muy interesantes que a España no llegan. El caso de Juan Cirerol, por ejemplo, que también lo mencionamos por ahí. Lo vimos en un Vive Latino que hicimos con Nacho Vegas y nos quedamos impresionados.  

Como todo el mundo sabe, sois la banda de apoyo de Nacho Vegas. A pesar de que vuestros caminos en lo estrictamente musical no convergen, sí compartís el contenido social de vuestros textos. ¿Os ha influido en algo trabajar a su lado?

Nos ha influído mucho. Ha influido tanto como los proyectos que llevábamos hasta León Benavente. César con Schwarz, Edu con Tachenko, Luis con todos sus grupos de rock, hard rock, psicodelia y todos los estilos imaginables, y yo con mis discos en solitario. La relación con Nacho es muy importante, llevamos ocho años tocando con él y eso nos mete en un tipo de composición, en un formato de canción que, aunque no se mueva por los mismos caminos, en el fondo sí que tiene mucho que ver con León Benavente, porque él es un escritor de canciones y a nosotros, aunque seamos un grupo de rock, siempre nos ha interesado mucho la canción en sí, independientemente del sonido y el estilo. En eso hemos aprendido mucho de él.   

León Benavente fue una banda que tuvo un gran éxito, tanto de público como de crítica desde sus comienzos. ¿Habéis cubierto un hueco vacío dentro de un panorama lleno de propuestas, por lo general, bastantes sosas?

Supongo que sí, pero no porque lo pensemos nosotros o lo hayamos concebido de esa manera. Recuerdo que cuando empezamos a presentar el primer disco, había mucha gente que venía y nos hacía ese comentario generalizado: “Joder, hacía mucho tiempo que no escuchaba algo así”. Y al final te das cuenta de que si tanta gente te dice eso, quizá estés ocupando un hueco que antes ocupaban grupos como Lagartija Nick o Manta Ray. Aunque ahora hay muchos grupos con cosas interesantes, nosotros lo hacemos a nuestra manera y a la gente le gusta.

Venís a tocar en el cuarto aniversario de Discos Bora Bora, una tienda que, además de vender vinilos, fomenta la cultura musical en Granada. ¿No es como encontrar un oasis en el desierto?

Desde luego que sí. Nos conocemos desde hace mucho tiempo y hemos pasado muy buenos momentos juntos. Su apuesta en Granada es brutal, ya no solo los vinilos y tal, sino la oferta musical que tienen en la tienda con los showcases, las ideas geniales que se curran como el concurso Sleeveface… Son gente muy necesaria dentro del mundo de la música, gente que sin ser músicos hagan tanto por la música como Gonzalo y Mariajo.

Y por último, ¿qué bandas de la escena de Granada son las que más os llaman la atención?

Últimamente hemos escuchado a Trepàt y nos parecen muy guay. Somos también muy seguidores de Lagartija Nick y de todo lo que haga Antonio Arias, somos muy amigo de los Niños Mutantes… Es una de las ciudades en la que más tiempo hemos pasado los cuatro y conocemos a muchos grupos.

Por Juan C. Salar

Qué se te pasa por la cabeza?