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El pasado 11 de noviembre estuvimos en la presentación del nuevo disco de RYM, un espectáculo digno de escenario principal y que sin duda ha sido el comienzo de algo glorioso, y es que el Teatro Caja Granada fue el lugar idóneo para lo que vivimos esa noche; además de un concierto, fue como ver un largometraje de cine experimental. Como una película de culto, de esas que cuando las ves por primera vez te atraen pero no sabes por qué, pero que cuando vuelves a ellas, a interpretarlas, te marca para siempre porque por fin comprendes completamente su trasfondo.

La noche estuvo entre Andalucía e Islandia; DREYMA es un dúo de dreampop electrónico que surge entre dos chicas (Cris y Mel) por la pasión por hacer las cosas bien hechas, siempre sin ningún tipo de ataduras y brindando lo mejor que tienen: el talento.

DREYMA, del islandés: soñar.

“Perspectivas.

Un momento, por favor.

Ilusión. Sueños. Realidad.

Sueña, me dijo hasta calarme los huesos, la médula, el órgano que no deja de respirar. El corazón.

Sueña, sin olvidar que mañana será otro instante y el horizonte no es infinito.

Clávame en el subconsciente esa rosa que me recuerde con los años que el amor no es un aditivo pero si una necesidad.

Soñemos”.

Así nos hechizaron, con estas palabras a modo de propaganda y un pseudo-documental con diversas opiniones y experiencias del subconsciente humano. Supongo que todos (los que no las habíamos escuchado previamente) esperábamos unas melodías dulces y livianas, pero no iban a ser tan previsibles y lo demostraron con Fuego, una canción que llega a propagar una sombra capaz de envolver a todos los presentes. Una caja de ritmos, un sintetizador y lo más importante: una guitarra eléctrica a base de Loops y un sinfín de pedales, es lo único que DREYMA necesita para demostrar la personalidad de la que gozan sus canciones. Sin duda un gran descubrimiento.

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Volviendo a los protagonistas de la noche, el espectáculo fue increíble; un cuidado de la iluminación maravilloso, que ciertamente favorecía a la banda creando un ambiente diferente para cada canción, una puesta en escena sencilla y fija, y de cada uno de ellos, un destello de energía que los elevaba hasta el apoteósico final del concierto.

Ha sido un viaje a través de Hasta el final, la duda en el que imperan largas secuencias instrumentales llenas de fuerza y carácter; además, han dejado claro que la transformación que han llevado a cabo les augura un buen futuro. Estábamos expectantes, nerviosos, por ver el resultado en directo y lo cierto es que fue una grata sorpresa volver a disfrutar de ellos, aunque no de la forma en la que estábamos acostumbrados.

RYM camina hacia delante, siguiendo sus convicciones, con paso firme y el instinto de una mamba negra. Hay que ser valiente para volver a empezar de cero y cambiar por completo el estilo de una banda, sabiendo lo complicado que es “llegar a ser alguien” en el mundo de la música. Desde aquí recomiendo personalmente que se le dedique tiempo a este proyecto, porque no es un disco para escuchar un día cualquiera en casa, mientras haces otra cosa y quieres tener música de fondo; no. Esto es algo más que merece ser escuchado con detenimiento para poder disfrutarlo plenamente.

 

Por Laura efe.

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