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Cycle. Viernes 9 de diciembre. Sala Aliatar. Entradas aquí.

Si alguien se pusiera a hacer una lista con los hits de la década pasada que más han sonado en las salas de baile españolas, sin duda sería raro que se olvidara de Confusion!!!. Sí, cuesta creer que ya han pasado más de diez años desde que lo dábamos todo con ese tema (aunque, ¿cuándo ha dejado de sonar?).

Pero Cycle han vuelto a los escenarios gracias a su último disco, Dance all over (Subterfuge, 2015) y, por supuesto, no podían dejarse a Granada fuera de la gira. Aprovechamos la ocasión y nos ponemos al teléfono con una de las cabezas principales del grupo, Luke Donovan, que nos lleva por sus múltiples viajes a comprender qué es Cycle para él y cuánto le ha cambiado.

Muchos os conocemos a través de ese hit que revolucionó las pistas de baile hace más de diez años, Confusion!!!. ¿Cuánto ha cambiado la escena musical desde entonces? ¿En qué habéis cambiado vosotros?

¡Oh, las cosas han cambiado mucho! Y mi vida, sobre todo, ha cambiado mucho. Ha hecho como todo un ciclo, irónicamente, porque estuve con la banda en ese momento tan bonito en el que estábamos ahí disfrutando y reventando el escenario, y luego me fui de viaje por el mundo, viviendo mi propio viaje de la vida y, cuando volví, encontré a una España y un mundo bastante cambiado: quizás un poco menos inocente, en un mundo un poco más amargo. Justo cuando yo volví a España la gente estaba muy deprimida, yo veía a la gente con mala cara, la verdad, pero creo que aunque las cosas eran duras, la gente es luchadora y se ha adaptado un poco. Toda esta nueva realidad se refleja en la escena musical también.

A mí, la verdad es que la vida me ha sonreído mucho, aunque siempre tiene sus altibajos. Y una cosa súper alucinante para mí es poder haber vuelto con la banda, que me ha dado una buenísima bienvenida…Hubo un momento en el que quedé con David, mi viejo socio, y empezamos a recordar los viejos tiempos entre risas, por lo que decidimos probar y vimos que la vieja magia todavía existía. Quedamos con Juanjo y con La China y en la primera noche que hicimos como una prueba nos salió un tema entero, Saturday girl, y dos otros temas por lo menos hechos hasta la mitad.

estamos en un momento muy poderoso

Ahora estamos en un momento para mí súper bello y, de hecho, casi siempre, cuando veo una grabación de un directo pasado, me da un poco de grima verme; soy muy autocrítico. Ahora se notan los años girando y haciendo conciertos, que estamos en un momento muy poderoso, muy unido como grupo, y tenemos un nuevo disco en la recámara que está ya muy avanzado, así que estamos terminando un ciclo y a punto de terminar otro.

Ya no somos tan jóvenes ni tan novatos como al principio, pero la verdad es que tenemos la misma ilusión de siempre, y esa ilusión de hacer un concierto y ponerlo patas arriba es algo que echaba de menos, ¡que he estado muy espiritual ahí en las Himalayas meditando! [risas]. Pero es verdad que de vez en cuando me ponía un vídeo así y como casi mirando de reojo a ver si alguien me miraba, ¡aunque en un ciber de la India quién iba a mirar! [risas].

Tenemos un nuevo disco con el que estamos todos muy ilusionados y muy contentos. Musicalmente es algo que llena mucho, que alcanza emociones escondidas en uno mismo. Yo compongo canciones, toco la guitarra, he hecho un montón de proyectos a lo largo de mi vida pero Cycle es algo que es diferente, es un poco al margen de las amistades o, incluso, las discusiones que podemos tener, es más como una familia, en el hecho de que no la puedes elegir, hay una cierta conexión mística entre nosotros, nos guste o no. ¡Y claro que la mayor parte del tiempo nos gusta mucho!

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Entonces, por lo que me cuentas, ese reencuentro ha sido muy natural, ¿no?

La verdad es que sí. En el primer disco, como éramos más novatos, tanto David como yo teníamos una opinión más elevada de mis capacidades como cantante de estudio y de directo de lo que en realidad era y, cuando te metes en el estudio, sobre todo por primera vez y con el peso de tener que grabar un disco, te enfrentas con la dura realidad de que tu ritmo y tu afinación no están muy bien. Fue durísimo, los dos somos muy duros, cada uno a su manera, pero no nos rendimos y, aunque estábamos bastante enfadados, seguimos intentando y volviendo a grabar, probando cosas hasta que al final ya quedaron bien las voces del disco. Al final fue un aprendizaje. El Dance all over fue mucho más divertido de grabar y componer, fue pura diversión, todo fue muy leve y divertido y, menos mal, porque si fuese de otra manera no hubiese salido seguramente. Que diez años después…¡por Dios! [risas], yo estuve en África y en la India y estudiando música, con familias musicales en los dos sitios, entonces, ¡algo sobre el ritmo, la afinación y la vocalización había estudiado!

De hecho, te iba a preguntar por ese viaje que hiciste, porque para ti supondría una gran fuente de inspiración, ¿qué te trajiste de allí?

Desde luego, una visión del mundo mucho más amplia. No me decepcionó lo que vi en el mundo en ningún momento, creo que más o menos lo esperaba. Bueno, viví y vi muchas cosas y, la verdad, es que cuando ya estaba de viaje vi que la letra del primer disco era claramente un retrato de la vida nocturna madrileña. El encantamiento de las luces, la gente y el ambiente fue lo que me fascinó de España en el momento e incluso antes de llegar, porque fui a Finlandia de intercambio estudiantil con 17 años (no aprendí ni una palabra de finés), luego intenté aprender ruso y tampoco [risas] y luego por fin probé con el español y más o menos empezó a funcionar. Algunos estudiantes que venían a Auckland a hacer un curso, al ver que aquello era como un pueblo con tres discotecas, me decían que no me podía perder la fiesta que había en España. Se veía en sus caras que era una cosa espectacular, así que dije “¡me voy para allá pero ya!”. Pasé casi diez años saliendo de fiesta sin parar en Madrid [risas].

Un poco al final de ese ciclo fue cuando conocí a David, él pinchaba en algunas de las raves a las que iba, siempre con un ambiente increíble… Ahora que lo veo con los años que tengo y con un recorrido de la vida ya hecho, pienso que por qué me habré quedado tanto tiempo en Madrid, ¡si a mí me encanta la montaña, la naturaleza! Y Madrid puede ser, a veces, una ciudad dura, pero la gente de allí es genial y el ambiente también. Para mí una frase mítica es “¡vamos a tener la fiesta en paz!” como filosofía de vida. No me crié en España, pero extendí mi juventud hasta los 30 años saliendo de fiesta y portándome como un golfo [risas].

Viendo todo esto por lo que habéis pasado, ¿alguna vez os pusisteis a pensar “cómo he llegado yo aquí”?

Yo nací en Liverpool, pero mi madre es neozelandesa y todos fuimos a su país cuando yo tenía un año, me crié en el campo y en varios pueblos muy pequeños, en una isla y luego en la ciudad de Auckland, una ciudad muy sosa, sin nada casi, como un pueblo y, claro, luego te ves en el FIB o en el Sónar y es como “¿quién te lo iba a decir, eh?”. Imagínate pensar eso cuando me veías en el instituto, que era un poco nerd, bueno, ¡un nerd total!, no molaba nada, no sabía vestirme, era el anticool… Y, precisamente en Granada, en lo que fue el último concierto para mí en 2005, antes de tirarme a mis viajes místicos, en una discoteca muy grande, había miles de personas viéndonos, saltando, y ahí pensé “ahora sí, ahora sí vale”. Creo que muchos artistas, sobre todo los que nos ponemos delante de un público, tenemos una necesidad de ser aceptados por la sociedad o de que la gente se fije en nosotros. El que está bien sociológicamente va y disfruta del concierto, no tiene la necesidad de ponerse al frente [risas].

si no te dejas llevar tanto, la música y el espectáculo ganan mucho

¿Con qué te quedarías tú de todos esos momentos?

La verdad es que todo fue un viaje místico para mí, porque descubrí como una persona que estaba dentro de mí que quería salir, que quería “lucirse” y en mi viaje aprendí a relajarme, sobre todo en la India. Antes, cuando teníamos un concierto, me temblaban las piernas, al principio me volvía totalmente loco, se me iba la cabeza; más tarde aprendí a sentir el cuerpo y relajarlo, llegando a un punto en el que me bajaba del escenario y me sentía súper zen.

Como músico no era muy bueno, desafinaba, me ponía a bailar y se me olvidaba cantar…[risas], así que pensé que a lo mejor no necesitaba tener ese subidón de adrenalina tan fuerte, sino que, si no te dejas llevar tanto, la música y el espectáculo ganan mucho. En ese concierto que comentaba antes de Granada, la gente se movía mucho, pero yo me sentía muy sereno, me movía por el escenario pero paseando, conectado a la música y, como efecto secundario, conectado a la gente.

empiezo a sentir que esto es lo que siempre he estado deseando hacer

¿Qué vamos a esperar de este concierto en Granada el 9 de diciembre?

Un fiestón, un fiestón potente. Las canciones son sobre todo del nuevo disco y el primero, aunque con algunas también de otros de enmedio. Venimos muy rulados ya, los nervios se han quedado atrás, por lo que nosotros disfrutaremos mucho porque no tenemos que pensar mucho para hacer eso, lo tenemos interiorizado, eso nos hace fuertes. Te confieso que, por mi parte, recién me empiezo a sentir un poco chulo con la música que estamos haciendo, como que empiezo a sentir que esto es lo que siempre he estado deseando hacer. Me siento realmente cómodo, disfruto mucho y la gente también. Vamos, ¡que se pone patas arriba!

Qué se te pasa por la cabeza?